Introducción

Tu desarrollo personal es tu destino: en lo que te conviertes se acaba reflejando directamente en lo que obtienes. Por eso, no hay mejor inversión que la que se hace en uno mismo. ¿Y cuál es la mejor forma de hacerlo? Aprendiendo de los mejores, de las personas que han conseguido resultados en aquellas parcelas –dinero, éxito, relaciones, liderazgo– que a ti también te gustaría alcanzar. Decía Betrand Russell que «la mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo». Las personas verdaderamente inteligentes aprenden de la experiencia de los demás. 

Tu mayor activo es tu capacidad de aprender. Jim Rohn, uno de los mejores expertos en desarrollo personal, señalaba: «El aprendizaje es el comienzo de la riqueza. El aprendizaje es el comienzo de la salud. El aprendizaje es el comienzo de la espiritualidad. Buscar y aprender es donde los milagros tienen sus comienzos».

No hay nada que no esté a tu alcance si tienes una idea clara, precisa y concreta de lo que deseas y una inquebrantable determinación para ir en su búsqueda. Se trata de ir descubriendo los pasos a dar sin desistir. Ponerse en movimiento e ir rectificando sobre la marcha sin venirse abajo. La cuestión no es si algo es o no posible, sino cómo conseguirlo. Anthony Robbins lo expresa con claridad: «Si una y otra vez te planteas la misma pregunta, no cabe duda de que terminarás encontrando una respuesta».

La vida siempre pone obstáculos de diversa índole a lo largo del camino –fracasos, rechazos, injusticias, deslealtades, etc–, pero los límites los ponemos las personas. Los primeros se vencen con coraje y valentía; los segundos son el resultado de bloqueos mentales producto de nuestras creencias.

Probablemente si estás leyendo estas páginas es porque tu vida en una o varias parcelas –dinero, trabajo o relaciones– no lleva el curso que te gustaría, y por tanto, hay ciertos hábitos que te gustaría cambiar o mejorar. 

El hecho de estar aquí ya es un primer paso importante. La psicoterapeuta Virginia Satir escribía: «Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar porque siempre hay oportunidades para aprender». No importa dónde estabas, ni dónde estás, sino dónde quieres estar. Eso es lo relevante. No seas prisionero de tu pasado. «El pasado –como decía Shakespeare– es sólo un prólogo». Tu pasado no es tu futuro; tu presente es tu futuro.

La experiencia enseña que los seres humanos pecamos a menudo de orgullo. Nos cuesta mucho solicitar ayuda porque se identifica pedir ayuda con ser débil. En realidad es todo lo contrario. Todas las personalidades fuertes que alcanzan cotas elevadas en su vida tienen una virtud común: humildad para reconocer que necesitan aprender y mejorar.

Por este motivo, en la travesía de tu desarrollo personal hay algo que te será especialmente útil: ver qué han hecho otros para llegar allí donde a ti también te gustaría estar. Es cierto que ninguna vida es igual a otra –cada una es única e irrepetible– pero  hay principios universales que se repiten una y otra vez. El éxito deja huellas. Brian Tracy apunta: «Si haces las mismas cosas que otras personas de éxito han realizado, sin ninguna duda tendrás el mismo éxito que ellos».

Una de las claves imprescindibles para lograr nuestras metas es leer biografías inspiradoras. Lee todo lo que puedas y más. O mejor dicho: más que leer se trata de asimilar lo leído. Leer y volver sobre el texto una y otra vez hasta hacer tuyas aquellas ideas que consideras relevantes y convertirlas en creencias firmes que te impulsan a alcanzar tus metas. De nuevo citamos al referente Jim Rohn: «Los hombres de éxito tienen grandes bibliotecas; el resto, grandes televisores».

Casi siempre la información está disponible para todos, pero no ‘cómo’ ni ‘cuando’ uno quiere. Este es el objetivo de este libro, recopilar aquellas frases, pensamientos y reflexiones de un grupo de personalidades de referencia del mundo del desarrollo personal, el liderazgo, los emprendedores, la libertad financiera y la espiritualidad, para analizarlas y desmenuzarlas en profundidad.

En total son más de quinientas claves de más de cincuenta personajes, analizadas cada una de ellas para darle coherencia y significado. Como se suele decir en estos casos, ‘no están todos los que son pero sí son todos los que están’. Cada uno de ellos es un referente en su disciplina y hay un elemento común a todos ellos: sus palabras están avaladas por sus resultados, que son la mejor garantía de credibilidad. Hay empresarios, directivos, consultores, speakers, profesores, filósofos, maestros espirituales e incluso personajes del mundo del espectáculo. 

Las reflexiones contenidas en este libro abarcan cinco temas:

1. Desarrollo Personal: porque cualquier persona tiene metas y aspira alcanzarlas, sin embargo, la mayoría se queda a medio camino.

2. Espiritualidad: porque el éxito ‘exterior’ sin éxito ‘interior’ nos deja vacíos. La espiritualidad es una necesidad humana, lo que nos conecta con la vida.

3. Libertad Financiera: porque el dinero, de una u otra manera, influye en cualquier aspecto de nuestra vida y a todo el mundo le gustaría ganar más y vivir mejor.

4. Emprendedores: porque todos somos emprendedores, o bien en nuestra vida profesional o bien en nuestra vida personal.

5. Liderazgo: porque en esta vida todo son relaciones personales –con partners, empleados, proveedores, administraciones, inversores, etc– y en ello el liderazgo ocupa un papel esencial.

Los pensamientos de cada uno de los expertos incluidos a lo largo de las siguientes páginas han sido extraídos de múltiples fuentes: libros, conferencias, entrevistas o notas personales propias. Cada uno de ellos está cuidadosamente seleccionado para que lo saborees, te detengas en él, lo madures, y si lo crees preciso, lo incorpores a tu pensamiento. 

No es un libro para leer de un tirón. Cada frase tiene su enjundia y conviene interiorizarla. No hay nada mejor que un mensaje breve y contundente para que el inconsciente lo registre de manera eficaz, aunque como todo, requiere su tiempo. Las cosas no suceden de un día para otro. Un pensamiento no es más que una gota de agua, no es gran cosa, pero una gota, más otra gota, más otra gota… acaban llenando un vaso. Al principio puede parecer poco, pero con la perspectiva que da el tiempo, te darás cuenta que es mucho lo que has avanzado. Un pensamiento no produce ningún cambio en tu vida, pero un pensamiento repetido una y otra vez acaba pasando a formar parte de ti.

En mi experiencia, el mayor pecado que se comete en los procesos de desarrollo personal es querer ir demasiado rápido. La impaciencia está en el origen muchas iniciativas que se truncan. La gente quiere resultados inmediatos, y al no suceder así –eso es ir contra natura– se frustra y abandona.

Siempre me ha gustado el ejemplo del bambú chino como metáfora de los procesos de cambio y transformación personal. El bambú chino funciona de la siguiente manera. Después de plantada la semilla, no se ve nada durante aproximadamente cinco años salvo un brote diminuto. Todo el crecimiento es subterráneo; se está construyendo una compleja estructura de raíces que se extiende en vertical y horizontalmente por la tierra. Entonces, al final del quinto año, el bambú chino crece velozmente hasta alcanzar una altura de veinticinco metros.

Algo muy similar ocurre con los procesos de desarrollo personal. Uno decide un buen día ir en búsqueda de su Leyenda Personal; seguir su vocación, su pasión, sus sueños. Siembra y trabaja, pero no ve resultados. Así un día tras otro; una temporada tras otra, pero todo parece que sigue igual, que nada ocurre. Entonces, aparecen las dudas, los bajones, los momentos de debilidad emocional que invitan a abandonar, a tirar la toalla.

Algunos, ante la incertidumbre del futuro, abandonan y prefieren plegar velas para navegar a puerto seguro; otros continúan, pero poco tiempo después, también desisten; y así otros más cada cierto tiempo. Sin embargo, hay un pequeño grupo minoritario que que decide seguir adelante y se mantiene firme rumbo a destino a pesar de los fuertes vientos que azotan el barco. Y de repente, un día todo se precipita; algo empieza a germinar y el crecimiento es exponencial. La noche anterior era otra de esas jornadas en que uno pensaba abandonar, y de repente aparece la luz. Como apunta la sabiduría popular, «la hora más oscura de la noche es justo la que precede al alba». 

Y una cosa más. Con bastante frecuencia también, otro de los grandes enemigos en los procesos de desarrollo personal se encuentra en la gente que tienes alrededor. Huye de los pesimistas, de los negativos, de la gente gris y tóxica que ante la falta de valentía para ir en búsqueda de sus sueños intenta que otros tampoco lo hagan porque eso sería dejar al descubierto sus carencias y mediocridades.

Sí, tú también puedes. No tengas dudas. Los límites nunca están en las personas, están en los entornos. A lo mejor te ves muy ‘poquita cosa’. No eres tú, son tus creencias. Tus límites son los límites de tus creencias. Si tú crees algo ese algo es, tanto para bien como para mal. Somos adictos a nuestras creencias.

Todos tenemos límites, pero esos límites no son nuestros, no son algo que venga de fábrica, sino el resultado de nuestro entorno. Los límites son una especie de software que se ha instalado en nuestro cerebro en los seis primeros años de nuestra vida por lo que hemos visto (modelo visual) y lo que hemos oído (modelo verbal).

Tus creencias –limitantes o posibilitadoras– reflejan tu autoestima. Si te ves como alguien capaz de lograr cosas grandes cosas, eso sucederá; y si te ves insignificante como para alcanzar metas altas, también ocurrirá. Baja autoestima es como ir por la vida atado de pies y manos. Las posibilidades de avanzar son muy reducidas.   

Tu autoestima no es otra cosa que la reputación que tienes de ti mismo. Como te ves como producto. Y si no te gustas, lo que estás diciendo es que no te comprarías a ti mismo. Y tampoco lo harán los demás. Como te tratan otras personas es un reflejo de cómo te tratas a ti mismo.

Tu vida es un reflejo de tu inconsciente, una manifestación de tus creencias; por eso, el primer reto de la voluntad debería ser cultivar hábitos mentales sanos. Si tus creencias son limitantes, da igual lo duro que trabajes, tus resultados serán pobres.

Tu mente dirige tu vida. El 90% de nuestra vida está gobernada por el inconsciente. Por eso, si controlas tu mente, controlas tu vida. Nunca olvides las palabras de Don Ward: “Si vas a dudar de algo, duda de tus límites”. La incredulidad nos frena y es aliada de la mediocridad.

Termino con un par de apuntes: 

1. Pon la responsabilidad en ti. No te centres en el ‘qué va a pasar’ sino en el ‘qué voy a hacer’. Hay dos tipos de personas: las que creen que las cosas suceden y las que hacen que las cosas ocurran. Abundan las del primer tipo. El ser humano es especialista en buscar excusas para justificar por qué su vida no lleva el rumbo que le gustaría: los políticos, la crisis, la educación o cualquier otro factor. Abundan los expertos en culpa–habilidad. Cuando uno decide asumir la responsabilidad de su vida, todo cambia a mejor porque entoces es posible tomar acción. Hay cosas que no se pueden cambiar, por ejemplo, el clima, pero lo que uno si puede es coger el paraguas si llueve, abrigarse bien si hace frío o poner el aire condicionado cuando hace calor. El clima no puede ser un inconveniente para quedarse en casa esperando a que salga el sol. No hay nada peor que no hacer nada. La gente con mentalidad ‘ganadora’ no pierde el tiempo en quejas inútiles y busca alternativas para bordear los obstáculos y llegar allí donde previamente había definido. 

2. No te rindas jamás. Lo peor que te puede pasar en la lucha por tus metas es que te vengas abajo y desistas, darte por vencido. Hay un momento en la vida que cambia para mal: cuando uno se resigna. Nunca, nunca, nunca pierdas la FE (con mayúsculas). A lo largo del camino hay muchos momentos de desesperación, de dudas, de bajones emocionales. Asúmelo como parte del proceso. No te detengas y sigue. Tus probabilidades de éxito aumentan cada vez que insistes. El trabajo más duro es no rendirse.